sábado, 9 de abril de 2011

El mito del voto viciado


Cuando me preguntan por quién voy a votar y respondo que por nadie, que viciaré mi voto, abundan las reacciones extremas. 

Que soy anarquista, que mi voto no servirá para nada, que pierdo la oportunidad de expresarme, que boicoteo la democracia, que pateo el tablero, que me lavo las manos como Pilatos y hasta que soy un traidor a la Patria y (probablemente quieran implicar que) deberían fusilarme. 

Claro, tales reacciones suelen provenir de personas que ya han elegido un candidato y que han arribado a la insólita conclusión de que la democracia es votar por él y que cualquiera que vote por otra opción no es demócrata, por decir lo menos.

Mi voto viciado en las elecciones municipales (2010)
Quienes no defienden a ningún candidato reaccionan distinto. Normalmente son dos las respuestas. 

La primera, tal vez la más sincera y desapasionada, es la de quienes apoyan la libertad que cualquier elector tiene de hacer uso de su voto para expresar su personalísimo punto de vista en relación con los candidatos que se presentan a un proceso electoral.

La segunda respuesta es mas bien una inocente pregunta que proviene de un singular mito que suena a invento de alguien interesado en manipular con el arma del temor (que siempre se alimenta de la ignorancia) a quienes osen votar viciado: "¿El voto viciado no favorece al que está arriba?". La respuesta es tan sencilla como votar viciado: NO.

Hagamos números. 

Si el universo de votos es de cien y el candidato A recibe treinta votos, el B veinticinco, el C diez, el D diez, el E cinco y los "otros" suman quince, tenemos que noventa y cinco votantes han expresado sus preferencias por algún candidato. Los cinco restantes podrían haber cometido un error involuntario, invalidando su voto sin saberlo, o haber dejado su cédula en blanco a propósito porque simplemente no quieren votar por nadie. Cabe, además, la posibilidad de que, entre esos cinco, algunos decidieran expresar su descontento con los candidatos participantes en la lid y viciaran sus votos. 

Siendo cien el universo considerado para obtener el porcentaje de votos logrados por cada candidato, obtendríamos los siguientes resultados:

Candidato A: 30%
Candidato B: 25%
Candidato C: 10%
Candidato D: 10%
Candidato E: 5%
Otros: 15%
Blancos, nulos o viciados: 5%

De acuerdo con el artículo 314 de la Ley Orgánica de Elecciones (LEO), la ONPE retira esos cinco votos blancos, nulos o viciados del conteo, considerándolos no válidos, y solo incluye en el cálculo final los noventa y cinco votos emitidos a favor de algún candidato (votos válidos).

Así, esos noventa y cinco votos forman el nuevo universo de votos válidos y los porcentajes de todos los candidatos crecen proporcionalmente, dando un nuevo resultado que no favorece a ninguno:

Candidato A: 31,58%
Candidato B: 26,32%
Candidato C: 10,53%
Candidato D: 10,53%
Candidato E:  5,26%
Otros: 15,79%

Es de suponer que el ver un crecimiento en los porcentajes generó ese tan difundido mito de que el voto viciado, blanco o nulo favorece al primero. Sin embargo, como ha quedado demostrado en este sencillo ejemplo, es solo el resultado del cálculo matemático que toma como base un nuevo universo, el de los votos válidos.

En resumen, el voto viciado, blanco o nulo es el equivalente a no haber ido a votar sin tener que pagar multa. Así de simple. Y es una expresión democrática tan válida como la de quienes desean entregarle su confianza a uno de los candidatos, solo que el ciudadano que vota viciado o en blanco está diciendo: "no confío en ninguno, por lo tanto, no voto por ninguno".

El voto nulo es una opción democrática y legalmente aceptada en nuestro país, tal como lo explica en PuntoEdu la Dra. Carlota Casalino, profesora de la Pontificia Universidad Católica del Perú y especialista en temas electorales:

"De acuerdo al artículo 286° de la LOE el voto nulo es aquel que no cumple las características del voto válido. Dicho artículo detalla los casos específicos: cuando el elector ha marcado más de un símbolo o ha utilizado un signo distinto al de la cruz o el aspa. Si la intersección está fuera del recuadro o si la cédula no tiene la firma del presidente de mesa o cuando lleva escrito el nombre, la firma o el número del DNI del elector. También anula el voto si se lleva a cabo en cédulas no entregadas por la mesa de sufragio y aquellos emitidos en cédulas que se encuentren rotas en alguna de sus partes. Si en la cédula de votación se escriben expresiones, frases o signos ajenos al proceso electoral, así sea la inclusión de nombres de organizaciones políticas, listas independientes o de candidatos distintos a lo que están impresos, el voto será considerado nulo. El voto en blanco, simplemente, es cuando no hay ninguna marca".

¿Por qué no voto en blanco?

Para cerrarle la puerta a la corrupción. Dejar la cédula en blanco es poner en bandeja la tentación a quienes podrían añadir una marca que yo no quiero que aparezca y utilizar mi cédula a favor de algún candidato. Prefiero escribir algo yo mismo a que algún vivo se aproveche del vacío.

No hago campaña en favor del voto viciado. Cada quien expresa sus preferencias y se hace responsable de su decisión. Respeto los votos de todos como expresión de sus preferencias individuales y muy personales en una elección libre y democrática. 

Pero, si no me gusta el bufé, prefiero no comer y así no me indigestaré. Cada quien tiene derecho a cuidar su propio estómago como lo crea conveniente. Que nadie me quiera embutir su plato preferido.
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