martes, 24 de mayo de 2011

El #findelmundo (y el de los periodistas que entendían lo que leían)

Hace unos días empezó a levantarse en la Internet, por un lado, una creciente ola de preocupación y, por otro, una de dudas, ironía y sarcasmo.

Entre bromas de los no creyentes y alarma de quienes esperan que la profecía bíblica del fin de los tiempos se cumpla sin el extremo dolor que anuncia el libro del Apocalipsis, surgió la errónea idea de que el "profeta" que lo anunciaba, el predicador de noventa años Harold Camping, dio como fecha del cataclismo final el 21 de este mes. Sí dijo que nadie sabía qué iba a pasar exactamente ese día y que millones de personas morirían, pero no que el mundo se acabaría de una buena vez. Sus cálculos explicaban que la Biblia predecía una serie de eventos progresivos.

Pasadas las seis de la tarde, hora para la cual se anunciaba la apertura del juicio de Dios, los comentarios en Twitter, Facebook y demás comunidades virtuales donde compartimos contenidos apuntaban a que el "profeta" Camping se había equivocado. Y los medios de comunicación, que el 21 de mayo publicaban con obvia sorna "hoy es el fin del mundo", anunciaban un par de días después que el predicador estadounidense había "reprogramado" el último día de nuestra existencia.

Evidentemente, mi mayor inquietud no la causaron ni la profecía ni su incumplimiento, ya que desde hace siglos aparecen predicadores que anuncian el gran final, con fecha, hora y hasta segundo de precisión. Ese no es cuento nuevo y no era para ser tomado en serio. Desde que Jesús fuera citado en la Biblia refiriéndose al día final que "no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca" (Mateo 24:34), miles de "profetas" se han arrogado la exclusiva. Esta vez nos tocó sufrir a Harold Camping, cuyos cálculos habían fallado en dos oportunidades anteriores: 21 de mayo de 1988 y 7 de septiembre de 1994.

Harold Camping
Mi intranquilidad fue motivada, que quede claro, porque la mayoría de medios de comunicación, incluso los más respetados (y no solo en el Perú), no difundieron correctamente la noticia. Que si era verdad, que si era engaño, que si era negociado del viejo predicador, eso es irrelevante en este análisis. Lo preocupante, en mi calidad de comunicador y profesor, fue lo sencillo que me fue diagnosticar una pandemia de mala comprensión de lectura.

Bastaba con darse una vuelta por Google. En todas las explicaciones de Camping y de quienes lo citaban, la interpretación era muy sencilla: El Juicio Final empezaría el 21 de mayo del 2011 y duraría cinco meses. El día del fin del mundo sería, entonces, el 21 de octubre. Así lo dijo desde el primer día. Tan simple como sumar 5 + 5.

¿De dónde sacaron entonces tantos periodistas la versión de que el día final sería el 21 de mayo? ¿De dónde salió que el 22 de mayo, el temible "día siguiente", no habría suelo que pisar y que todos habríamos sucumbido calcinados por las brasas de la ira celestial?

Mi conclusión más simple es que a veces los periodistas repiten los errores sin tomarse un par de minutos para revisar otras fuentes. Reciben un cable de una agencia, lo ven en la Internet, lo leen en un medio del extranjero y, como hay que cumplir con el plazo, no investigan, no buscan más y solo repiten. Como loros, sí señor. 

Sin embargo, siendo un poco más malicioso, puede que no sea ignorancia (en el peor de los casos) o lasitud (tratando de ser más comprensivo), sino solo una opción por el sensacionalismo. Podría ser. Es que vender bien la edición del 21 de mayo y que la misma noticia quede disponible para el 21 de octubre no es una oportunidad que un medio que entienda dónde está el negocio deba desaprovechar.

Un video en el que queda clara la explicación de las fechas (minuto 1:10):


Y hay varios enlaces que cualquier periodista pudo encontrar antes de redactar la noticia. Sería inútil copiarlos aquí. Si entran a Google y escriben Harold Camping, "la hacen".
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